Monasterios cristianos (parte 2)

Enviado por Miguel G Villarrubia el Mié, 15/04/2015 - 16:35

Monte Cassino, 717 (Monasterio carolingio-benedictino)

Ya en el siglo VI, la vida monástica pasaría a occidente con San Benito de Nursia, creador de la Regula monasteriorum, la llamada Santa Regla Benedictina. Su principal mandato es el Ora et labora, rezar y trabajar, puesto que según la regla la santificación llegaría a partir del aislamiento, el rezo y el trabajo, tanto comunal como individual. Los principios fundamentales serían la permanencia, el sometimiento, la castidad y la pobreza.

En base a esta regla, San Benito fundó su primer monasterio, la Abadía de Monte Cassino, cerca de Roma, Italia. Se sitúa sobre el monte, por encima de la cercana Cassino. Esto, junto con el notable perímetro cerrado, división del mundo interior con respecto del exterior, nos da cuenta de la inestabilidad de la época. De hecho, es entonces cuando el monasterio se convierte no sólo en una institución religiosa, sino política. Poner en valor el trabajo físico repercute en la recuperación y reordenación de terrenos e infraestructuras circundantes al propio monasterio, creando un control territorial, mientras que la regulación del rezo mediante las horas canónicas transforma el tiempo, desechando la informalidad en la que se había entrado al desaparecer los relojes de arena y sol. La regulación del tiempo determinaría qué actividades se realizarían en cada momento, así como permitiría un control en las actividades productivas que reactivarían el comercio. Por tanto, el control territorial como la ordenación temporal serían determinantes en la recuperación socioeconómica del occidente cristiano.

Plano de Monte Cassino
Plano de Monte Cassino

Desde un prisma arquitectónico, en planta podemos apreciar los mismos edificios existentes en la tipología monástica, pero reordenados funcionalmente según la nueva norma. La hiperjerarquización de la regla de San Benito se traduce espacialmente, teniendo en cuenta que se crean edificios para todos los diferentes cargos que el sagrado escrito instituía.

La puesta en escena de Carlo Magno, que fortaleció la alianza y defensa del papado que hacía gala su padre Pipino el Breve, produjo una identificación entre política y religión. Carlo Magno estableció la supremacía del Emperador sobre el Papa durante el papado de León III, pero dotando a la institución papal de una importancia cada vez mayor, superando a la del Patriarca de Constantinopla. Para lo que nos interesa, Carlo Magno asumió las reglas de San Benito, sembrando además todo el territorio con monasterios que generarían control económico, político y social, sin olvidar la salvaguarda y continuación de la cultura grecorromana, sobre todo con la custodia y reproducción de manuscritos.

Estas normas tendrían también un reflejo en la forma de organización del espacio, expresado en el Manuscrito de Saint-Gall. En él se refleja, además del cumplimiento estricto de la regla benedictina, la organización ideal de un monasterio controlado totalmente por el Estado. Sería por tanto el primer documento que define cuestiones arquitectónicas y económicas de una tipología claustral, diseñando una “ciudad en miniatura”. Es el modelo idealizado de un monasterio, a partir del cual se establecerían y organizarían los nuevos monasterios de colonización, los cuales ayudarían a crear una cierta ilusión de continuación con el Imperio Romano.

Plano de Saint-Gall. Codex Sangallensis, 1092
Plano de Saint-Gall. Codex Sangallensis, 1092

El manuscrito tiene un carácter esquemático. Sólo la iglesia está claramente representada y definida, el resto de espacios están representados por rectángulos que marcan la relación de unas dependencias con otras, sin detallar.

El claustro se ubica al sur, junto a la Iglesia, dando acceso al refectorio y al calefactorio, uno de los pocos lugares térmicamente tratados que se podían permitir. En la planta superior al calefactorio, aprovechando el calor ascendente, se sitúan los dormitorios.

Al norte de la Iglesia se sitúan los alojamientos de los militantes seculares, divididos en dos edificios destinados para distinguidos o peregrinos. Los hijos de los huéspedes distinguidos recibirían enseñanza en la escuela (a destacar la notación musical sangaliense). Sin embargo, los seglares tienen prohibido transitar por los lugares destinados a los monjes, asi como estos no pueden salir sin permiso. Esta clausura pasiva significa una innovación clave en la organización funcional y espacial de los monasterios.

El ámbito más privado se encontraría al este, donde se situaría la enfermería, la capilla, el noviciado y demás dependencias que sirven de apoyo al monasterio para garantizar la subsistencia de los monjes.

Sólo la Iglesia se construye en piedra, el resto de las edificaciones se construye en otros materiales de modo que se puedan modificar sin grandes esfuerzos.

El manuscrito también establece la interacción cívica y comercial, con instalaciones de granja, molino, establos, vaquería, pocilga y dependencias de los sirvientes. La mantequería, cervecería y otros edificios se situarían en una posición intermedia entre estos y la cocina ubicada junto al refectorio.

Con el excedente de alimentos del monasterio se inicia una tímida actividad comercial a nivel territorial, lo cual enfatiza el control del Imperio y la Iglesia sobre la comarca. La propia abadía de Saint-Gall sería nombrada en el siglo XIII principado independiente, y sus abades serían tratados como príncipes del Sacro Imperio Romano, con lo cual la relación entre Imperio e Iglesia sería total.

Reconstrucción artística de J. Rudolf Rahn, 1876
Reconstrucción artística de J. Rudolf Rahn, 1876

BIBLIOGRAFÍA

  • Braunfels, Wolfgang, Arquitectura monacal en occidente. Barral Editores. 1975.
  • Bango, Isidro, el monasterio medieval. Anaya. 1990.
  • Segal, Edward A., Monastery and Plan of St. Gall en Dictionary of the Middle Ages, volumen 10, American Council of Learned Societies, 1989.
  • Cigola, Michela, L’abbazia benedettina di Montecassino. La storia attraverso le testimonianze grafiche di rilievo e di progetto. Ciolfi Editore, 2005.
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